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Carta del Arzobispo de Mérida-Badajoz A MADRID, QUE VIENE EL PAPA 30-03-2003 Hoy que tan en boga está la afortunada expresión “Lectura creyente de los acontecimientos” os invito a ponerla en práctica y a pleno pulmón con la quinta Visita pastoral del Santo Padre Juan Pablo II a España, los días 3 al 4 de mayo, para canonizar en Madrid a cinco grandes figuras de nuestra Iglesia en el último siglo. Esta es la ocasión, a todas luces grandiosa y llena de significado, para otras tantas familias de Vida Consagrada de las que son fundadores o miembros egregios: los beatos Pedro Poveda y José María Rubio, fundador el primero de la Institución Tereresiana y Jesuita el segundo, apóstol de los suburbios de Madrid; las beatas Ángela de la Cruz y Genoveva Torres, fundadoras respectivamente de las Hermanas de la Cruz y de las Hermanas Angélicas; la beata Maravillas de la Cruz, destacada carmelita descalza del convento de El Cerro de los Ángeles. Para encontrar un precedente similar, no en España sino en Roma, hay que remitirse a trescientos sesenta años atrás, a la canonización simultánea por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622 de los santos españoles Isidro Labrador, Francisco Javier, Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola y el italiano Felipe Neri. Aquella efeméride produjo una conmoción memorable en la España católica de su tiempo y ha quedado en los libros de historia como un hito perdurable que figura en los manuales. Millones de agraciados Si pudiéramos convocar en la Castellana de Madrid a todos los pobres de solemnidad, a los humildes, a los niños abandonados, a los ancianos terminales y amortajados por las Hermanas de la Cruz; a todas las y los alumnos educados en escuelas primarias, centros de bachillerato y aulas de la Universidad por las seguidoras de Pedro Poveda, junto a la presencia Teresiana en el mundo de la cultura y en el feminismo cristiano: si lo hiciéremos con las masas populares misionadas por el P. Rubio, con las almas escogidas que condujo a la santidad, los sacerdotes que formó en el Seminario y no digamos los pobres y marginados a los que sirvió, evangelizó y defendió en los arrabales de Sevilla y de Madrid; y ¿qué decir de Genoveva Torres, con su infancia y orfandad hundidas en la miseria, su pierna amputada a los trece años, su vida hasta los 86 con muletas, su increíble intrepidez para fundar las Casas-Hogar que culminarían en la Congregación de las Evangélicas, para aliviar la soledad humana, extendidas por España, Italia y América? Su mote: el “Ángel de la soledad”; y, cerrando el cielo, la madre de Maravillas de Jesús, Carmelita de El Escorial, del Cerro de los Ángeles y de Aldehuela: monja inquieta, fundadora y andariega como su emblema y modelo Teresa de Jesús, émula también de sus experiencias interiores, de sus desiertos y noches obscuras, experta en la cruz y en la contemplación... La suma total, digo, no ya de los seguidores de estos siervos y siervas de Dios -que mantienen operante en el mundo de hoy el carisma de sus fundadores- sino de todos los beneficiados en su cuerpo y en su espíritu por el torrente oceánico de amor divino y humano, que brotó de aquellos siervos de Dios para toda la humanidad, nos compensa con creces de los pecados, omisiones y mediocridades del catolicismo español en el último siglo. Necesita nuestra Iglesia arrestos de heroísmo, referentes de santidad, coraje de apóstoles, para sacar ánimos ante los presagios obscuros y los grandiosos desafíos que nos está planteando a todos, ahora mismo, este desconcertante siglo XXI. Alegría por la visita Para renovar nuestras inercias, lo primero ha de ser asumir con alborozo la presencia del Sucesor de Pedro y animador supremo de toda la cristiandad, de Su Santidad Juan Pablo II. Así, como está, con el torso vencido y el semblante desfigurado, con la andadura asistida (otro te ceñirá), herido por años y cargas, siervo de Yavé, testigo intrépido del Maestro, atleta de Cristo. El viejo coloso despierta a la par en nosotros la compasión y el asombro, el respeto y el amor. Se hacen, lo sé, otras lecturas, con visos de más racionales o razonables, de la situación del Papa, como más misericordiosas con su persona. Pero él ha optado intrépido por la cruz y el seguimiento del Maestro. Doy por descontada la acogida cariñosa y entusiasta de nuestra gente al Papa, y más todavía, de nuestros jóvenes. Este magno encuentro de Iglesia, en la Almudena, en Cuatrovientos, en la Castellana, podría ser, debiera ser, una sacudida espiritual, un oleaje inmenso, que empujara a todos (¡Espíritu Santo Ven!) hacia una renovación de talantes, presencias, conductas y mensajes. Una Iglesia más evangelizadora, más evangélica y más evangelizadora. -¿Entusiasmo optimista?- No, esperanza teologal. En los jóvenes, en el claro de todas las edades, en los nuevos y viejos Movimientos, en las asociaciones y cofradías, en las buenas gentes bautizadas y creyentes, que esperan, quizá sin darse cuenta, una ocasión así para definirse como tales ante sí mismas y ante los demás. Superando el desgaste del término. ¡Un nuevo Pentecostés para el catolicismo español! En fin; ¡A Madrid, que viene el Papa! Los creyentes de fe personal y solitaria necesitan de una oxigenación de multitudes, a la intemperie y bajo el sol, confortados por miles y miles de hermanos y confirmados todos por quien recibió de Cristo la misión universal de hacerlo. Un programa apretado y grandioso Se contemplan para comienzos de Mayo dos momentos capitales de la quinta Visita de Juan Pablo II, que ronda ya el centenar de las realizadas por todo el planeta durante el cuarto de siglo de su pontificado. El marco horario de su desplazamiento a Madrid comprende sendas jornadas, desde su aterrizaje en Barajas a las 12 horas del sábado día 3, hasta las 18 del domingo 4. En la primera, está previsto el magno encuentro, jubiloso y multitudinario, en el aeródromo de Cuatrovientos, con los jóvenes llegados de todos los puntos del país. Y a la mañana siguiente, en el hermoso y kilométrico paseo de la Castellana, a partir de las 10, el Santo Padre celebrará la grandiosa Eucaristía dominical, con las cinco canonizaciones, ante una muchedumbre variopinta y plural, cuyos cálculos más bajos sobrepasan el medio millón de peregrinos. En el programa están previstos otros contactos del Pontífice con las primeras Autoridades del Estado y con la Conferencia Episcopal. Treinta horas, pues, de permanencia entre nosotros, aprovechadas al máximo y con cautelas exquisitas para no agotar las energías del Santo Padre. Así lo deseamos y pedimos. Os exhorto a tomar iniciativas o a sumarse a otras, que movilicen a las comunidades y personas para el viaje o la estancia en Madrid, en especial de los jóvenes el 3 de mayo, y a todos los demás, incluidos también ellos, en la “Misa Mayor” de las canonizaciones el 4 de mayo por la mañana. Nuestra Delegación Diocesana para la Visita, los Párrocos y rectores de Iglesias, los Superiores religiosos y los Responsables de Asociaciones, Hermandades y Movimientos, serán los impulsores y acompañantes de esta movilización espiritual de la Diócesis. A quienes puedan ir a Madrid, facilitándoles orientación y apoyo. Y a los que quedan aquí, animándolos a seguir y vivir el acontecimiento a través de la Radio y la Televisión. A todos, en espíritu pascual, que ya estaremos viviéndolo, os animo y exhorto a interiorizar al máximo este momento de gracia. Antonio Montero
Moreno | ||
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