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Carta del Obispo de Tenerife ALGO PASÓ EN MADRID 11-05-2003
Por lo pronto, se ha visto que miles de jóvenes, con los que trabaja la Iglesia habitualmente a través de sacerdotes, religiosos y laicos, más de los que se cree y se sabe, no abdican de sentirse y presentarse en público como católicos. Y no como católicos vergonzantes, sino como católicos gozosos, alegres, felices de serlo. Que se atreven a decirlo públicamente. Que no esconden su fe, sino que la pregonan. Que están abiertos a Cristo y a sus llamadas, incluida la posible llamada a la vida sacerdotal y a la vida religiosa... Creo que no es poco. Son tantas las veces en que sólo se nos presenta otro tipo de jóvenes, que pareciera que todos son así y que así es toda la juventud. No es verdad. Y el saberlo, viene bien. Como viene bien el pensar en los santos canonizados. Cada uno son un don. Cada uno con su fidelidad. En momentos eclesiales, culturales y sociales diversos, pero todos trabajados por el mismo Espíritu... No voy a presentar aquí la reseña de estos santos -cinco que nos han dejado su testimonio y cuya intercesión a favor nuestro nos garantiza desde ahora la Iglesia. También conviene tenerlo en cuenta. Son testigos del Evangelio. De la presencia y de la fuerza del Espíritu Santo por encima de cualquier condicionamiento. Algo pasóen Madrid... Como conviene subrayar el testimonio ejemplar que nos ha dejado Juan Pablo II. Un Papa anciano, sí, pero entregado, sacrificado, alegre, esperanzado, fiel... Que nos dice a todos que siempre puede tener sentido la vida. Vida que hay que entregar hasta el final. Es, sin duda, la mejor encíclica que nos deja este Papa: su propia vida. Y algo pasó en Madrid en otros muchos sentidos... Valgan, como ejemplo, algunos mensajes de los que nos dejó el Papa como el que presentó a los jóvenes cuando les dijo que "el drama de la cultura actual es la falta de interioridad", o que "no tuvieran miedo de ir al encuentro con Jesús y hablar de Él", o que, "si sentían la llamada de Jesús, que no la acallasen". Lo mismo vale cuando les habló de buscar siempre la paz y "mantenerse lejos de toda forma de nacionalismo exasperado". Y vale igualmente lo que, después de presentarnos a los nuevos santos en la plaza de Colón, nos recordó cuando nos invitó a pedir que "en esta tierra siguieran floreciendo nuevos santos". Algo, ciertamente, pasó en Madrid para bien del mundo entero y, especialmente, de España. Algo pasó que nos sensibiliza a todos sobre la verdad del Evangelio, sobre una Iglesia que sigue viva entre mil dificultades. O sobre la más que conveniencia -que debieran tener en cuenta las fuerzas políticas- de que España, desde el debido respeto que la Iglesia tiene a todas las legítimas opciones políticas, no rompa "con nuestras raíces cristianas"... De nuestra diócesis, tuvimos la alegría
de estar allí no menos de trescientos diocesanos, entre jóvenes
y adultos. Era un deber. Pero fue también una gracia, la gracia
de expresar la comunión de nuestra Iglesia diocesana con el Obispo
de Roma, con el sucesor de Pedro, con quien, en nombre de Cristo, nos
preside a todos los católicos en la caridad. ¿Por qué no dejarnos renovar todos por el Espíritu del Señor y caminar, como nos lo pide la Liturgia en este tiempo, "en una vida nueva"? Algo pasó en Madrid... Bien haríamos
en meditarlo cuantos formamos parte de la Iglesia y de la misma sociedad.
¿Por qué no hacerlo?
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