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Nuestras diócesis han aguardado y recibido también con ilusión, esperanza y afán renovados, esta nueva visita Apostólica del Santo Padre Juan Pablo II. En esta sección incluímos cartas de obispos de diócesis españolas en la espera, en la preparación y en la recepción de la Visita Papal.

Carta del Obispo de Salamanca

INTERIORIDAD

18-05-2003

Parece que esta segunda afirmación del Papa es la respuesta ofrecida para llenar el vacío de la falta de interioridad de nuestra cultura. La contempalción es, a mi juicio, mirar desde dentro, tanto hacia dentro de uno mismo como hacia el exterior. Cuando simplemente se dirige la mirada al exterior, bien sea al paisaje o a las cosas y a las personas, desde el vacío o la oscuridad y desorden interior, se carece de las claves imprescindibles para comprender e interpretar, para establecer relaciones entre la multitud de figuras que vemos y para orientarse en medio de ellas. Tal forma de mirada al exterior apenas ofrece luz para profundizar en el conocimiento del propio secreto y del sentido de la vida.

Para contemplar, es decir, para mirar y comprender una forma que enriquezca y dé contenido y valor a nuestra conciencia personal, hay que mirar desde dentro y hay que atraer hacia dentro todo lo que vemos o sentimos. Así vamos configurando una memoria ordenada y con sentido. Mirar desde dentro es lo opuesto a divertirse saliendo de sí mismo, bien para olvidar o para evadir responsabilidad; mirar desde dentro es la alternativa necesaria a la superficialidad y al relativismo: el "todo vale" es igual que "nada vale" y lleva inevitablemente a la falta de compromiso.

Por ello, el inicio de la contemplación y del cultivo de la interioridad hay que ponerlo en el conocimiento de uno mismo. El imperativo "conócete a ti mismo", que está en el origen de la mejor reflexión humanista, implica aceptar como punto de partida que el hombre tiene una verdad y forma de ser buscada. La persona es un espacio ya configurado en su estructura fundamental que, además, está habitado, es decir, está lleno de una presencia, que es nuestro propio espíritu, nuestra identidad personal, de la que tenemos conciencia.

El evangelista San Juan, que nos presenta a Jesús como el que ha venido para dar testimonio de la verdad que nos hace libres, pone en relación íntima el conocimiento del hombre con el conocimiento de Dios. El mundo no conoce nuestra condición de hijos de Dios, porque no le conoce tampoco a él. Jesús, en cambio, es el Buen Pastor que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas, de la misma manera que él conoce al Padre y es conocido por el Padre. Para Jesús, el conocimiento del Padre lleva consigo el conocimiento de sí mismo y la aceptación de su misión hasta el extremo de dar la vida por las ovejas. Se entrega por los hombres quien vive unido a Dios.

Para los cristianos, el conocimiento de Jesús es el reconocimiento de nuestra verdad personal en él, es la verdad que ilumina nuestro mundo interior y da sentido a nuestro vivir. De conocimiento íntimo de Jesús y del Padre surge de la entrega de la propia vida por los demás. Habitados por el Espíritu Santo experimentamos que el reino de Dios está dentro de nosotros.

Carlos López Hernández
Obispo de Salamanca

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